LOS ABUELOS SON LA EXTENSIÓN DEL AMOR DE DIOS
Los abuelos aman con ternura a sus nietos y dedican sus
últimos años a llenarlos de atenciones,
por eso, dichoso quien los tiene porque entiende el amor de Dios.
Quien tiene abuelos
sabe que se convierten en las personas favoritas de sus nietos porque les
regalan amor en abundancia y sin condiciones. Y damos gracias a Dios de que existen para consentir a sus
nietos y dedicarles sus últimos años.
Sin embargo, para quien no ha tenido la oportunidad de ser
abuelo o no ha conocido a los suyos,
podría ser difícil entender por qué la gente que tiene nietos los ame tanto.
Por su madurez, entienden mejor el comportamiento de los
menores; ellos ya tuvieron la experiencia
con sus propios hijos, pero saben tratarlos con más dulzura y menos rigor.
La educación de sus nietos ya no es su responsabilidad
directa, por eso gozan de mayor libertad para pasar por alto pequeños caprichos
que corresponde a sus padres corregir, sin embargo, sus enseñanzas son
invaluables.
Ven a sus hijos reflejados en los nietos, recordando con algo
de añoranza a sus propios pequeños; ahora tienen la oportunidad de disfrutarlos
sin las presiones que vivieron cuando ellos estaban a cargo de la manutención y
educación.
Disponen de tiempo y tranquilidad para convivir con ellos,
pues ya ha pasado la etapa de la prisa y las actividades que requieren atención
inmediata.
Dios nuestro Señor nos ama tanto que no deja de enviarnos lo
que necesitamos para sostener nuestra existencia, ese rasgo de amor es común en
los abuelos, quienes están pendientes de lo que necesitan sus hijos y nietos.
Dios nos muestra su amor en cada amanecer, en la familia, en
la comida, el trabajo que nos da sustento, su providencia divina se encarga de
satisfacer nuestras necesidades.
Por eso cuando los abuelos comparten con su familia lo que
tienen, entendemos que Dios, a través de ellos, nos recuerda que nada nos
faltará y que Él nos ha dejado a esos maravillosos seres para colmarnos de su
amor.
No nos olvidemos de nuestros abuelos. No dejemos de mostrar
nuestra ternura a los abuelos y a los mayores de nuestra familia, visitemos a
los que están desanimados o que ya no esperan que un futuro distinto sea
posible. A la actitud egoísta que lleva al descarte y a la soledad
contrapongamos el corazón abierto y el rostro alegre de quien tiene la valentía
de decir “no te abandonaré” y de emprender un camino diferente. Que Dios conserve a nuestro
abuelos, ya que son la extensión de su amor.

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