RECUERDO.
He vivido momentos de angustia y de sufrimiento pero también
momentos de cielo en mi vida. Momentos en los que todo está en orden y hay paz
en el alma. No necesito encontrar respuestas porque las preguntas son
relevantes.
He vivido algunos momentos de cielo en la tierra en los que
hubiese querido que el tiempo no pasara. Esos momentos hacen la vida diferente,
porque tocas el cielo y una parte de tu ser queda prendida en las estrellas.
Eso me ha pasado en mí en ocasiones.
Son momentos de luz en medio de la noche. De paz en la
guerra. Momentos de fiesta en medio de la tristeza. De calor en pleno invierno.
Momentos de fuente en la sequedad de mi vida.
Recuerdo abrazos, palabras, paseos, luz del atardecer, la
lluvia de una tarde, la compañía de alguien querido,. Un vivir la vida que
soñaba. Son momentos especiales que recuerdo con mis nostalgias.
Y en esos momentos entiendo que de nada sirven las angustias
del presente y los miedos y los vacíos
que me llenan de tristeza. Es tan corta la vida que no merece la pena perderla
en nostalgias vanas. No raras veces encontramos hoy en la vida personas que son ricas pero que están totalmente
insatisfechas en su interior. Es decir que los
bienes no dan la felicidad.
Entiendo que esos bienes que me angustian hoy en la vida y me
quitan la paz hoy no son lo más importante de mi vida. No puedo poner en ellos la paz que busco.
Mis días se juegan en el sí alegre a lo que me toca vivir. Y
al final lo que importa es vivir ese momento con paz, porque Jesús está conmigo.
Después de esos momentos que he deseado no pasaran nunca,
Jesús no desaparece, se queda conmigo.
Los momentos de cielo de mi
historia me han hecho ser quien soy. Soy fruto de la paz de esos instantes de
cielo cuando escucho y entiendo que soy amado. Soy más apto para la vida
después de que un poco de eternidad se me ha quedado prendido en el pecho.
Ya no puedo vivir como antes el presente. Estoy construyendo
para la vida eterna y considero que todas las preocupaciones de ahora son pasajeras.
Los miedos y sufrimientos pasan con el paso del tiempo. Pero el amor es eterno,
es para el cielo y eso no acaba nunca, al contrario, me da fuerzas para la vida.
Mi vida está tejida en el alma de Dios, que me dice que me
ama. ¿De qué puedo tener miedo? De nada. No hay nada tan grave que pueda
hacerme dudar de esa certeza. Dios me ama, eso me basta y consuela y eleva mi
alma hasta el cielo

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