EL PERDÓN: UNA DECISIÓN QUE SANA EL ALMA.
¿Cuántas veces hemos oído que tenemos que perdonar? Y, sin
embargo, qué difícil puede ser dejar ir
la herida, soltar la rabia y decidir
seguir adelante. La verdad es que el perdón no surge de un impulso emocional.
A menudo llevamos dentro viejas heridas, palabras que
hirieron, gestos que decepcionaron, ausencias que nos marcaron. Y sin darnos
cuenta, nos volvemos pesados, desconfiados y amargados. Como si, al no
perdonar, pudiéramos hacer pagar a la otra persona el daño que nos ha causado.
Pero la realidad es otra: los que más sentimos el
resentimiento somos nosotros mismos. El perdón es un regalo que nos hacemos a
nosotros mismos.
Perdonar no es decir que lo que pasó fue justo. No es borrar la historia ni negar
el dolor. Es simplemente elegir no seguir viviendo con esa herida. Al perdonar,
liberamos a la otra persona, pero sobre
todo, nos liberamos a nosotros mismos
desde dentro. Soltamos el peso, dejamos que el veneno salga de nuestros
corazones, hacemos sitio para la paz.
Cuando perdonamos, nos parecemos más a Dios mismo. Que es
misericordia infinita.
Al decidir perdonar, incluso cuando todavía sentimos dolor,
dejamos espacio para que la gracia de Dios actúe en nosotros. Y esa decisión
tiene el poder de restaurar nuestra alma, curar heridas profundas y traer una
paz que el mundo no puede dar.
El perdón no borra el pasado, pero transforma la forma en que
lo llevamos. Es una forma de autocuidado. Es una elección consciente para vivir
más ligeros, más libres, más plenos. El perdón es un camino. No un sentimiento
inmediato.
Perdonar no significa
sentirse perdonado. El dolor no siempre desaparece de inmediato. El perdón
es un proceso, pero comienza con una decisión sincera ante Dios: “Señor, quiero perdonar: Aunque duela,
aunque no sepa cómo”
A partir de esa entrega, la gracia de Dios hace el resto.
Poco a poco la herida deja de doler. Con el tiempo, el corazón vuelve a latir
en paz.
El perdón es un acto de amor, no sólo a la persona, sino a
uno mismo.
Que Dios nos dé la gracia de perdonar. Y al hacerlo que nos
sanemos profundamente por dentro. Porque quien perdona se libera y los que se
liberan pueden volver a amar.

Comentarios